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viernes, 5 de junio de 2009

La conspiración

Hola a todos. Ya e terminado de leerme el libro La Conspiración. Dije en una entrada antigua que cuando lo terminara aria un pos contando que es lo que me havia parecido y, bueno aquí estamos.

Es un libro de ciencia ficción bastante interesante, ya que te llena de intriga y te atrapa entres sus paginas. Es todo muy entendible, ya que todo lo relacionado con la trama de este libro te lo explica muy bien. Recomiendo que todo el mundo se lo lea y que se sorprenda con toda esa historia y su sorprendente final.

El siguiente libro que me pienso leer, es la fortaleza digital. Un libro que me han recomendado Emiliano y Raúl. Dos lectores de este blog

Si te apetece leer una pequeña parte de este libro, puedes entrar en la entrada anterior que dejo aquí el enlace. Un saludo. http://marieando.blogspot.com/2009/05/la-cospiracion.html

viernes, 22 de mayo de 2009

La cospiración

Hola a todos. Voy a hablar de un libro que voy a comenzar a leerme, tras una recomendación de mi amigo Emiliano, cuyo blog es www.emilianomadrid.blogspot.com .Voy a hacer este post antes y después de la lectura de este libro, para después poner mi opinión de lo que e leído y poder hablar sobre ello con los que ya han puesto este libro en la estantería de leídos… La conspiración, espero que me enganche y sea una buena experiencia… A continuación podéis leer el prologo, para ver si sentís curiosidad y comenzamos todos a leer este libro…

La muerte podría llegar de innumerables formas a aquel lugar dejado de la mano de Dios. El geólogo Charles Brophy llevaba años soportando el salvaje esplendor de aquellas tierras y, sin embargo, nada podía prepararle para un destino tan cruel e implacable como el que estaba a punto de acontecerle.
Mientras las cuatro huskies de Brophy tiraban del trineo que transportaba su equipo de sensores geológicos por la tundra, los perros aminoraron bruscamente la marcha y levantaron los ojos al cielo.
—¿Qué pasa, chicas? —preguntó Brophy, bajando del trineo.
Más allá de las amenazadoras nubes de tormenta que se cernían sobre él, un helicóptero de transporte de doble rotor dibujó un arco y enfiló los picos glaciales con militar destreza.
«Qué extraño», pensó Brophy. Nunca había visto helicópteros tan al norte. El aparato aterrizó a unos veinticinco metros de él, levantando una lacerante lluvia de nieve granulada. Recelosos, los perros gimotearon.
Las puertas del helicóptero se abrieron y dos hombres descendieron del aparato. Llevaban puestos unos trajes térmicos blancos, iban armados con fusiles y se dirigieron hacia Brophy con algún urgente propósito.
—¿El doctor Brophy? —gritó uno de ellos.
El geólogo estaba desconcertado.
—¿Cómo saben mi nombre? ¿Quiénes son ustedes?
—Coja su radio, por favor.
—¿Cómo dice?
—Haga lo que le digo.
Perplejo, Brophy sacó la radio de su parka.
—Necesitamos que transmita un mensaje urgente. Disminuya la frecuencia de su radio a cien kilohercios.
«¿A cien kilohercios?» Brophy estaba totalmente confundido. Era imposible recibir nada a una frecuencia tan baja.
—¿Ha ocurrido algún accidente?
El segundo hombre levantó su fusil y apuntó con él a la cabeza de Brophy.
—No hay tiempo para explicaciones. Limítese a hacer lo que le decimos.
Tembloroso, Brophy ajustó la frecuencia de transmisión.
Entonces el primer hombre le dio una tarjeta en la que había escritas unas líneas.
—Transmita este mensaje. Ahora.
Brophy miró la tarjeta.
—No lo entiendo. Esta información no es correcta. Yo no he...
El hombre pegó la boca del fusil a la sien del geólogo.
A Brophy le temblaba la voz cuando transmitió aquel extraño mensaje.
—Bien —dijo el primer hombre—. Ahora suba con sus perros al helicóptero.
A punta de fusil, Brophy obedeció e hizo maniobrar a sus reticentes perros y subió con el trineo por la rampa trasera del compartimento de carga. En cuanto estuvieron instalados dentro, el helicóptero se elevó y viró hacia el oeste.
—¿Quiénes son ustedes? —exigió saber Brophy, sudando debajo de la parka. «¿Qué diablos significa ese mensaje?»
Los hombres guardaron silencio.
A medida que el helicóptero ganaba altura, el viento entraba a ráfagas por la puerta abierta de estribor. Ahora los cuatro huskies de Brophy lloriqueaban, todavía atados al trineo.
—Por lo menos cierren la puerta —pidió Brophy—. ¿Es que no ven que mis perros están asustados?
Los hombres no respondieron.
Cuando el helicóptero se elevó a poco más de mil metros, viró vertiginosamente sobre una serie de abismos y de grietas de hielo. De pronto, los hombres se levantaron de sus asientos y sin mediar palabra, agarraron el pesado trineo y lo lanzaron por la puerta abierta. Brophy vio horrorizado cómo sus perros luchaban en vano contra el enorme peso del trineo. Un instante después, los animales se precipitaron aullando al vacío.
Brophy ya estaba de pie y gritaba cuando los hombres lo sujetaron. Lo arrastraron hasta la puerta. Espantado, forcejeó, intentando librarse de las fuertes manos que lo empujaban al exterior.
Fue inútil. Instantes después se precipitaba al abismo que sobrevolaba el helicóptero.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Quien vela tu sueño

El cuarto que una vez perteneció al padre es ocupado esta vez por el hijo. Dany siente conocer el espacio en el que Daniel paso la mitad de su vida. La madre ahora abuela recuerda los días en que las sábanas de aquella cama no estaban frías.El suspenso hacía parecer imposible que pudieran esperar hasta mañana. Al final de esa noche Dany tendría un hermano. Sólo una tarde agitada y plena de emociones le hizo sentir cansancio y pensar en dormir. La abuela lo cubrió de mimos y besos antes de ocultarlo bajo sábanas. El instinto maternal nunca extinguible ocupó un vacío añejo entre cuatro paredes. Risas capaces de conmover lo inerte se escuchaban por toda la casa.La luz entraba en menor cantidad cada vez a los ojos del niño. La pequeña mano se rendía ante el cansancio y relajaba sus dedos entrelazados en el blanco cabello de la anciana. Morfeo parecía triunfar al fin.Con suaves movimientos la anciana sale de la cama. Un pequeño error la delató ante el pequeño durmiente. La luz aún llenaba el cuarto y la figura maternal fue descubierta ante sus ojos. Ella buscó lágrimas en sus ojos, no las encontró. Una infantil negativa le impidió a la abuela retirarse a su cama. Sólo una mirada la hizo sentir culpable. Sólo una mirada lo hizo a él sentirse tranquilo. Un lenguaje de sentimientos, no de signos ni de caracteres.Un suave arrullo ayudó al sueño a venir y el pequeño se rindió. Un sentimiento de culpa aún se hizo presente en ella. La media noche le trajo muchos recuerdos, un guardián regresó entre sus memorias y ella fue a buscarlo. En un rincón de su alcoba aún se encontraba su muñeca. De negra tez y negra cabellera tenía el poder de espantar sus malos sueños. Ha estado con ella la mitad de su vida, la ha querido y la ha cuidado, sin pedir nada a cambio.Dany despertaba para encontrar el cuarto en penumbras. El sillón donde antes le sonreía su abuela lucía la ausencia de ella, pero no estaba vacío. Una figura casi infantil, casi femenina le hacía compañía en la oscuridad.Un rayo de luz rompió la monotonía y le dejó ver un par de ojos verdes que resaltaban en la negra figura del guardián. El rostro fue ocultado bajo las sábanas en un movimiento casi reflejo. El miedo cortó el silencio por primera vez en años dentro de ese cuarto. Los ojos ocultos bajo las sábanas se negaban a ver la figura. El ansia amenazaba con vencer al miedo y tras una breve lucha lo logró.

Bajó las sábanas para buscar el color verde, sombras y figuras fue lo que percibió.Ante sus inocentes ojos pareció que la muñeca tenía movimiento. Una parte de él luchaba para establecer la calma. La oscuridad tejía su manto y nublaba su mente y sentidos. Sus pensamientos iban y venían entre la cordura y el temor.Con la vista cegada por las sábanas el sueño se fue imponiendo otra vez. Aún con un pie en la realidad pudo sentir una presencia acercándose. Escalofríos provocados por un aire frío de maldad. Una mirada verde penetraba las sábanas.Al acecho de sus sueños estaba una silueta. La espina dorsal de un pequeño se corvaba y las rodillas tocaban con su vientre. El ansia lo obligó a abrir los ojos y respirar a través de ellos los escasos rayos de luz. Nada había cambiado. La negra figura seguía postrada en el sillón. Sus ojos desmentían lo que su mente pregonaba. El corazón de un reloj latía no muy lejos y se preguntó cuantas veces darían vueltas las manecillas desde la primera vez que durmió.La calma logró llegar a su corazón y el sueño se hacía inminente. Recostado sobre su izquierda coqueteaba con el borde de la cama. Su imaginación parecía estar en un peligroso reposo y que despertaría con aún más violencia.Danzas en blanco y negro acapararon sus sentidos. Pudo ver un pie tras otro dejar marca en la alfombra. Pudo oír crepitar la tela de su vestido. Sus sentidos avispados eran engañados por el miedo.Por un momento dejÓ de sentir su entorno y se concentrÓ en la nada. Corto fue su momento y en un latido pudo sentir el rostro de plástico negro a escasos centímetros del suyo. Horror y pánico lo hicieron abrir los ojos y descubrir que nada había cambiado.Sus ojos una vez más bajo las sabanas. El pánico casi lo dominaba y las ideas no eran tan claras. La imaginación estaba en letargo momentáneo. Sus impulsos dominaban y sus pies querían tocar el suelo y correr.Por primera vez su cuerpo se inclinó y su corazón bombeaba el combustible necesario para volar. Su camino estaba cortado por un sillón y en él, una silueta.

Como un espectador pudo verse a sí mismo en la huida.La escena culminaba al alargarse una pequeña mano de trapo sujetándose de su pierna. Inevitable sería el encuentro. Desechó la idea, la redención se veía venir y sus plegarias llenaron de murmullos la habitación.Quizá la ultima plegaria trajo la paz. Inocencia en sus sueños era señal de tranquilidad. Pudo sentir la luz del sol trayendo el amanecer. Aún sin abrir los ojos una sonrisa esbozo en él. La pesadilla había acabado.Al ver el primer rayo de luz sus ojos le lastimaron. Girando a su izquierda dominó la situación. Sus ojos cobraron vida propia y partieron en busca de un destello verde. La situación había cambiado.En donde una vez estuvo la silueta ahora no había nada. Las sombras que lo cubrieron se lo habrían llevado tal vez. Sus plegarias lo habrían ahuyentado. La luz debería delatar al invasor, pero en un mejor escondite éste espero el momento.Sus ojos siguieron una sombra que danzó en la pared. Su conciencia gritó al dilucidar la fuente de tal. Un negro mechón de cabello cayó sobre su rostro y su grito fue ahogado por el amargo sabor del trapo en su boca. Unos ojos verdes veían dentro de los suyos.Despertando entre gritos la anciana corrió a su lado. El sol aún no asomaba y la luna aún coronaba el cielo. La muñeca de trapo en su asiento observaba a un niño llorando de miedo y sus ojos verdes casi lo seguían al ser tomado en brazos.Consuelo y protección le fueron dados otra vez. Los ojos de su mente se burlaron de sus sueños y proclamaron esta noche como suya. Torturando al prisionero alzaron su bandera y su territorio fue la oscuridad.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Me regalo un sueño

Ha petición de unos amigos cuelgo el sigiente relato, espero que ahora se molesteis en leerlo que solo son cinco minutillos, se titula me regalo un sueño.
Tantas veces había soñado con ella.

Se la había imaginado en todo tipo de escenarios, y con todo tipo de vestidos, desde lo más provocativo a lo más elegante. Se la imaginaba con vestidos de seda, largos e insinuantes, bailando con él a la luz de las velas, una orquesta tocando suave al fondo, estrellas brillando en el suelo y en sus ojos, sintiendo su calor atravesando la ropa y llegando hasta él en oleadas eléctricas. Se la había imaginado desnuda sobre sábanas negras, velos cubriéndolo todo, meciéndose ligeramente por la brisa, su boca entreabierta, húmeda, susurrando su nombre, llamándole a su lado.

Cambiaban los lugares, las posturas, la ropa, pero la cara siempre era la misma, al igual que las sensaciones. Y el dolor al despertar. La mezcla de frustración y erección. La sonrisa en la boca al recordarla en sus ensoñaciones… las lágrimas en los ojos al ver la soledad de su cama.

Y otro día más en el trabajo. Dulce, amarga, cruel tortura. Verla allí sentada. Tan cerca. Tan lejos. Su mesa enfrente, apenas a millones de kilómetros de distancia. Sus ojos, su pelo, su boca. Sus pechos, sus piernas. A un saludo de distancia. Tan lejana como la más distante galaxia.

Y un día y otro ante el espejo, preguntándose porqué. Y de nuevo en el trabajo. Su sonrisa, su voz. ¿Idealizada? Quizá. Él no existe. Para ella no es nada. Pero ella lo es todo para él en sus sueños. Muchas veces ha dudado de su ética, de su cordura. Ya no le importa. Lo ha aceptado. Él nunca será feliz.

Excepto en sus sueños.

Decisiones.

No estar con ninguna mujer. Esperar el momento correcto. Esperar la mujer ideal. Y el tiempo pasa. Y la mujer ideal no llega. Y la decisión se hace rutina. Y ya no importa nada. Ni siquiera importa que la gente lo sepa. Y aguantar y aceptar y superar comentarios. Extravagante. Raro. Cosas mejores. Cosas peores. Siempre la duda del sentimiento de ser compadecido o menospreciado.

Pero ya no importa.

Dicen que el primer paso de la felicidad plena es aceptarse a uno mismo. No le interesan todas esas ideas autocomplacientes, pensadas por gente con peores problemas que el suyo. Él es feliz en sus sueños. En ellos ella es suya. Y todo es perfecto. Ha dejado de aspirar a algo más. A algo mejor. Porque sabe que no hay nada mejor para él.

Un día un cambio. Reorganización. Nuevas funciones. Y los eones de distancia se convierten en metros. Y la idealización, el sueño de todas las noches se hace carne. Un día se encuentra trabajando con ella, codo con codo, latido con latido. Y descubre asustado que ella sabe quién es, cómo se llama. Descubre aterrado que sabe que existe en esa sala inmensa llena de ordenadores y empleados. Siempre se había considerado anónimo. Ahora tenía un nombre y una cara. Y el terror se apoderó de él.

Los días pasan y los sueños cambian. Ahora hay una voz en sus sueños. Unos gestos más reales. Hay una persona. Mira a su derecha. Y esa persona está allí. Pero es diferente. No es como en sus sueños. Es real.

Y deja de soñar.

Las sílabas se convierten en palabras. Las palabras en frases. Las frases en conversaciones. Su ser idealizado ha cambiado, se ha hecho un ser de carne y hueso y sangre y vísceras y sudor. Y la confusión se apodera de él. Descubre que la amante que comparte sus sueños no puede competir con ella. La realidad se ha vuelto más poderosa que sus ensoñaciones y fantasías. No lo comprende. Pero le gusta. Y ya no la imagina bailando a la luz de la luna, ni desnuda a sus pies. Ahora solo la ve como es. El terror y la confusión han desaparecido.

Un saludo. Una pausa. Un café. Una risa. Y la vida adopta una nueva forma de crueldad. Más cerca que nunca. Más real que nunca. Y más lejos que nunca.

Y el espejo le sigue recordando quién es y porqué está así. Fue feliz por unos días. Hasta que el espejismo desapareció. Su vida es más confusa que nunca. Y más oscura. Y recuerda todos los errores. Confundió un saludo, una mirada, una sonrisa. Se comportó como un adolescente. Y sus sueños se han convertido en pesadillas. Y su ser real en algo peor.

Se maldice, se odia, se desprecia. Lo intenta arreglar y todo es peor que antes. Y suplica por volver a la antigua ignorancia, a situarse a millones de años luz de distancia.

Y se distancia. Se esconde. Desaparece. Huye a un mundo irreal. Encuentra consuelo en Internet. Y su furia, su rabia se reflejan en semen que mancha sus manos, sus sábanas. Noche tras noche. Encuentra espacios donde compartir su frustración, su amargura. Y conoce gente. Un mundo nuevo de perversión y degeneración. El caos se apodera de su vida. Ya no sueña.

No sabe qué quiere. No sabe qué busca. No sabe qué necesita. Todo es amargura y confusión. Una vida sin sentido que se precipita por un abismo sin fondo. Un agujero negro en el que es fácil entrar pero no salir. No hay alcohol, ni drogas, ni sexo. Solo autodestrucción.
Y el tiempo pasa. Y el túnel no acaba nunca.

Y sigue sin soñar.

Llora, grita, aúlla. Pero no hay consuelo. La salida final le atrae. Pero las dudas sobre el método para llevarlo a cabo son tantas que lo descarta.

El móvil suena. Un mensaje. "Olvidemos los malentendidos". Una oportunidad para empezar de cero. Para poder volver a mirarla sin despreciarse a sí mismo. No pide más. Ella seguirá siendo tan inalcanzable como la más lejana estrella. Pero está bien. Es un precio pequeño.

Días. Semanas. Meses.

Y algo se abre en su mente. Y una noche sueña.

En sus sueños sabe cuál es la respuesta al enigma. La clave es el miedo. Miedo al fracaso. Miedo a caer. Sueña que trepa por una pared rocosa. Nunca lo ha hecho antes, pero aquí está, trepando como si hubiera nacido para ello. Buscando apoyos para manos y pies donde no hay nada a simple vista a lo que agarrarse. Y centímetro a centímetro asciende lentamente, hasta que finalmente llega a la cima. Y se da cuenta de lo alto que está, y lo lejos que está todo. Lo lejos que está ella. Te das cuenta del miedo que tienes. Miedo de hacer algo estúpido. Pero ¿y qué? si haces algo estúpido. La voz de su cabeza habla. La voz en su sueño. A veces es un error trepar. Siempre es un error no hacer siquiera el intento. Si no trepas no caerás. Pero ¿tan duro es fracasar?¿tan duro es caer? A veces te despiertas, y la caída te mata. Pero a veces, cuando caes, vuelas.

Y despierta. El sudor cubre su piel y su cuerpo tiembla. Y no recuerda nada. Pero está tranquilo. Porque ya no tiene nada que temer.

Una pausa, un café. Una sonrisa. Un cigarrillo. Un buenos días. Un hasta mañana. Nada ha cambiado, y todo ha cambiado.

Es de noche. La lluvia cae con violencia y forma ríos en las calles. Agradece tener coche con el que volver a la soledad de su casa. Por un momento se queda quieto, sin arrancar, contemplando las gotas golpear contra el parabrisas. Y entonces la ve. En la puerta, sin decidirse a salir, sin paraguas. La hace señas, le ve y corre hacia él. Entra en su coche empapada, riendo. Es como una ráfaga de alegría.

Recorriendo las calles oscuras y vacías ella propone parar en algún sitio a tomar algo caliente. Recuerda su sueño, no sabe porqué, pero lo recuerda, y sonriendo acepta encantado.
Un bar tranquilo. Pobres almas sorprendidas por la tormenta se refugian en su interior, apurando sus copas en silencio, en la penumbra, envueltas por la suave música de la radio. Una mesa apartada, dos vasos y dos seres que comparten intimidad por primera vez en sus vidas. Minutos que se convierten en horas. Cafés que se convierten en alcohol. Intrascendencia que se convierte en confidencia. Él solo pide que la magia no se acabe nunca.
Pero el momento del adiós llega. Y el recuerdo le asalta de nuevo. Miedo a fracasar. Miedo a caer. Y él solo quiere volar. Por primera vez en su vida.

Una propuesta. Sorpresa en su cara. Él no respira. Segundos que parecen siglos. Y ella acepta. Una última copa en su casa, por qué no. Por el camino él se siente torpe, ella se ríe por dentro notando su nerviosismo.

Llegan y comienza la visita turística obligada, la amabilidad, la educación. Cuando ella le pide que se relaje, él sonríe y se disculpa. Sabe que ha empezado a volar. Música, una copa, conversación, confidencias, risas. Y un beso.

Él no sabe cómo reaccionar. No recuerda haber sentido nunca nada tan maravilloso. Sus labios posados en los suyos han sido como una descarga eléctrica. Si quisiera describirlo con palabras jamás podría. Se da cuenta que ha dejado de respirar. Ojos que se miran y se dicen todo.

Transmiten todo lo que no se puede de otra manera. Cada uno ve algo en el otro, cada uno es diferente, cada uno sabe lo que busca y lo que quiere, no hay necesidad de palabras. Ni razones, ni explicaciones. Es ahora. Aquí. Y nada más existe. Ni ayer ni mañana. Nadie más. Solo ellos. No hay tiempo ni espacio. No hay realidad. No existe nada. Y ella le besa otra vez.
Las manos reaccionan y se mueven con vida propia. Ella le guía y le hace descubrir una geografía que solo había soñado, y que nunca pensó que pudiera abrírsele de esta manera. Como un explorador en tierra virgen, subiendo y bajando colinas y valles, recorriendo con los dedos planicies y bosques. Y manos en su propio cuerpo, que no son suyas. Que buscan lo que nadie ha buscado antes. Lo encuentran, lo acarician, lo adoran. Y lágrimas empiezan a correr por sus mejillas. Ella las besa. Una explicación intenta salir de sus labios, una vergüenza largamente reprimida quiere salir a la luz, pero ella no le deja hablar. Le susurra que lo sabe, que lo ha intuído, que lo comprende, que lo acepta, y que hoy todo eso acabará.

Las prendas caen al suelo con precipitación y desorden. La cama, grande, fría, vacía, pronto se llena de vida y de calor. Labios, caricias, dedos, piel, ansia. Yemas que recorren todos los recovecos de los cuerpos. Lenguas que prueban sabores, que se introducen donde nunca antes han estado, para llevar luz a la oscuridad. No hay miedos. No hay dolor. No hay vergüenza. La pasión lo llena todo. No hay palabras. Solo susurros, gemidos, jadeos. La noche se llena de sonidos animales, de olores, de líquidos, de sensaciones, de luz y de color. De secretos, de deseo, de lujuria. Ella le enseña todo lo que hay que aprender. Él aprende y pide más. Y la magia envuelve la habitación.

Algo se ha roto. Algo ha nacido. Algo ha cambiado.

Despierta de repente. Aún sudor cubriéndole el cuerpo, y por un momento no sabe qué ha pasado, ni dónde está. La realidad se abre paso lentamente en su cerebro y se vuelve para observar algo que no esperaba ver nunca. Su cama no está vacía. Y entonces recuerda y sabe lo que ha pasado. Y llora. Y sonríe. Y contempla el cuerpo desnudo que duerme a su lado, que llena el vacío de su cama. Contempla su espalda desnuda, su pelo extendido en olas sobre la almohada, sus brazos blancos. Y la huele. Huele su piel y su pelo, deseando poder conservar ese aroma para siempre y poder olerlo cada día.

No sabe lo que ha pasado, ni lo que esto significa. No sabe qué ocurrirá mañana. Solo sabe que esta noche ha caído.

Y ha volado.